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¿En qué me ayuda un proceso de cambio?

Actualizado: 2 de may de 2019

Un monje iba paseando tranquilamente por un camino cuando de repente, aparece un caballo con su jinete galopando a toda velocidad. El monje, intrigado, pregunta al jinete:
-¿A dónde vas con tanta prisa?
A lo que este responde
-¡No lo sé! ¡Pregúntale al caballo!

Solemos acordarnos de esta historia cuando hablamos con personas que piensan en un proceso de cambio dentro de su organización y se preguntan ¿de qué me sirve empezar un proceso de cambio?

Los cuentos Zen suelen ser historias cortas que sirven para ilustrar alguna de las enseñanzas del Budismo. En este caso, el caballo de la historia simboliza nuestros hábitos y la energía que les empuja. El cuento explica la forma en que normalmente vamos por la vida: a merced de los hábitos que hemos adquirido, que normalmente no están establecidos por acciones intencionadas y concienciadas, si no por el contexto en que nos movemos o por nuestro “piloto automático” a la hora de actuar.


Lo que viene a decir el cuento es que este caballo metafórico nos lleva de un lado para otro con prisas y no tenemos idea muchas veces del por qué. Es más, por mucho que corramos, no nos lleva a ninguna parte. Por eso cuando nos paramos a pensar por qué estamos corriendo de un lado para otro, la respuesta, en caso de tenerla, no suele tener un fundamento muy fuerte. Simplemente estamos acostumbrados; es la forma en la que hemos aprendido a vivir.

El cuento nos hace reflexionar acerca de aprender a coger las riendas y no dejarnos llevar por esta energía de los hábitos adquiridos, nos dice que hemos de enseñarle al caballo quién es el jefe, y nos dice también que es momento de actuar como tal.


Cuando una persona nos lanza la pregunta con la que empezamos este post lo fácil es tirar de instinto y empezar a enumerar una lista de ventajas: Hablarles de como un proceso de cambio hace que las posibilidades de éxito del cambio sean mayores, o que hace que el cambio ocurra más rápido, o que elimina la confusión, etc. Sin embargo, la mayoría de la gente que hace la pregunta está intentado compararlo con otras alternativas. Por ejemplo: hacer trainings, crear o redefinir roles, contratar, etc. Pero realmente el beneficio fundamental está en la reflexión.

Aunque todas estas alternativas son válidas, lo que falta en ellas es precisamente algo como lo que nos da este cuento Zen. Lo que falta es esa reflexión sobre dejarnos llevar constantemente por nuestros hábitos y que, sin que algo nos haga pensar, no somos capaces de darnos cuenta y romper el ciclo del jinete en el caballo desbocado.  El beneficio principal de un proceso de cambio es ser el desencadenante de esa reflexión.

Aquí es donde un proceso de cambio se destaca sobre las otras opciones porque actúa como el cuento Zen y propicia una reflexión. Nos ayuda a cortocircuitar esos comportamientos aprendidos, tanto a nivel personal, como de la organización y nos permite tomar las riendas, y guiar al caballo a donde queremos ir.


Hagamos un ejercicio:

Supongamos que somos Juan, el CTO o Chief Product Owner de ACME Inc. y por algún motivo nos encontramos en una situación en la que a día de hoy, entregar nuevas funcionalidades de nuestro producto es cada vez más difícil. Además, no sólo es que cueste tiempo entregar funcionalidades, sino que, en los casos en que se logra, haciendo un sobresfuerzo por parte de los equipos, estas funcionalidades suelen estar plagadas de defectos y quejas por parte de los usuarios.

Poco a poco y sin darnos cuenta hemos entrado en un círculo vicioso del que no vemos una forma fácil de salir. Más bugs hacen que vayamos aún más lentos, unido al sobresfuerzo, hace que generemos más bugs. La historia sin fin.

Después de darle mucho al coco, Juan (nosotros) cree que la forma en que se puede resolver la situación es enviando a sus technical leads y desarrolladores más capaces a hacer un curso de TDD y otro de Agile.

De esta forma les puede dar las herramientas para que puedan: escribir código con menos bugs y trabajar con sus equipos de forma que puedan entregar más rápido, etc. Así que nada, no escatima, y sale a hablar con recursos humanos para conseguir los cursos para todo el mundo. Le dice a sus equipos que en tal fecha vendrán unos señores a hacer un curso muy bueno de TDD, etc. Asunto zanjado. Fin de la historia, ¿no?

Sabemos que no es así. Todos hemos estado en esos trainings alguna vez, o hemos estado en la situación de Juan, y como él, hemos hecho lo mejor que hemos podido, guiados por nuestra inercia habitual.

Sin entrar en si ésta es la solución correcta o no, el problema con esta aproximación, no está en la solución en sí, sino en que en ningún momento nos hemos sentado a reflexionar al respecto.

  • ¿Qué estamos intentando alcanzar?

  • ¿Cómo sabemos si hemos alcanzado el resultado?

  • ¿Es realmente la falta de habilidades lo que está provocando el problema?

  • ¿Quién tiene que estar involucrado?

  • ¿Estamos todos alineados?

  • ¿Qué necesitaremos después del training para que podamos aplicar lo aprendido?

  • ¿Cómo nos aseguramos de que perdure en el tiempo el resultado?



Estas y otras preguntas se responden durante un proceso de cambio, porque por diseño, durante un cambio trabajamos en crear un contexto favorable, buscamos que la organización se involucre en el mismo y que luego el resultado persista y se sustente. Un proceso de cambio para ser efectivo tiene que ir acompañado de una reflexión.

En una iniciativa de cambio estos puntos se trabajan mediante la creación de una visión, distintas herramientas para poder explicar por qué es importante, qué cosas buscamos que cambien, etc. En una iniciativa de cambio, se comunica, se conversa, se piensa conjuntamente, se diseña una solución sobre la que estemos alineados, se pone en marcha, se mide, se aprende y se reflexiona. De alguna forma, nos da el marco de trabajo sobre el cual realizar estas reflexiones a las que es posible que no estemos acostumbrados por la inercia del día a día, nos ofrece una red de seguridad que atrape todos esos detalles que no tenemos en cuenta.


Los cuentos Zen son una gran fuente de sabiduría, a pesar de lo antiguos que son, y nos acercan con sus pequeñas anécdotas a tener una vida mucho más fructífera a nivel personal, y ahora también, a nivel organizacional.

Todos hemos sido el jinete de una forma u otra, sin embargo el trabajo que realizamos en Smoking Brains se asemeja más al del monje que hace la pregunta e invita a la reflexión al jinete. Un jinete que, guiado por la fuerza del hábito, ha olvidado que puede tomar las riendas y dirigir su caballo hacia donde encontrará los resultados que busca y no que cabalga apresurado a donde el animal quiera.

Sea cual sea vuestra preferencia a la hora de actuar para transformar la organización, o el método que uséis para lograrlo, en cualquier caso, os dejamos con esta pregunta: ¿Qué tipo de jinete queréis ser?

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