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¿Qué son las metodologías ágiles?

Actualizado: 2 de may de 2019


El término “metodologías ágiles” o “agile” surge para referirse a un conjunto de metodologías de trabajo que se sustentan en cuatro pilares fundamentales:


  1. Los resultados como medida del avance

  2. La colaboración con el cliente

  3. La adaptación al cambio

  4. Las personas

Estos cuatro pilares y los principios y prácticas alrededor de los mismos, son los que hacen que las metodologías ágiles sean tan atractivas, da igual el tamaño que tenga la empresa. Acompañando a estas metodologías hay todo un movimiento que comparte estos valores y que fue expresado por primera vez formalmente, en lo que se conoce como “el manifiesto ágil”.


Aunque originalmente estas metodologías surgen del mundo del desarrollo de software, ya han traspasado barreras y se emplean en todo tipo de procesos e industrias, lo mismo para desarrollo de productos que para la mejora e implementación de procesos.

 ING Direct, Google, Microsoft, IBM son algunos ejemplos de empresas que han dado pasos importantes en esta dirección.



¿Qué implica trabajar con agile?


1- Los resultados como medida del avance

Algo que hace innovadoras a las metodologías agile respecto a otros procesos es el hecho de utilizar los resultados como medida del avance. Esto constituye una diferencia importante ya que en lugar de obtener un producto al final o en hitos particulares del proyecto, la mayoría de las metodologías ágiles prefieren mantener un flujo constante de entrega de valor.


Permiten ver y utilizar el producto a medida que se va construyendo. Esto hace posible dar feedback desde el minuto cerodisminuir el “time to market” para poder recuperar la inversión mucho más rápido.


2- Colaboración con el cliente

Uno de los problemas de la gestión de proyecto tradicional en entornos de mucha incertidumbre es la idea de que al principio del proyecto (que es cuando menos información tenemos) se ha de definir todo en un documento de requisitos, gantt chart, etc. Además, se ha de firmar (con sangre) en un contrato (por si...)


En agile, la colaboración y comunicación con el cliente tiene un peso fundamental durante todo el proyecto y no solo al principio. Ambas partes, colaboran codo con codo en construir / ofrecer el mejor producto o servicio.


Esta comunicación facilita que se construya el producto correcto ( el que realmente necesita el negocio) y se está creando una relación de confianza entre el cliente y el proveedor (los temas  legales no interfieren en poder en llevar a término el proyecto de forma satisfactoria). 


Esto no quiere decir que no haya contratos, pero los contratos ágiles son mucho más flexibles y reflejan el acuerdo en cómo va a funcionar la colaboración y adaptabilidad al cambio para que ambas partes salgan beneficiadas.


3- Adaptación al cambio


Las empresas se enfrentan hoy en día a entornos totalmente cambiantes. De hecho podríamos decir que la única constante es precisamente esa: el cambio. Las metodologías ágiles entienden esto y lo adoptan como parte de su ADN, favoreciendo la adaptación al cambio incluso en los momentos finales del proyecto. Esto quiere decir que cosas como el alcance de un proyecto, en qué se está trabajando, etc. están abiertos a ser negociados y adaptados según lo que necesite el negocio, y la información que va surgiendo.


El resultado final: se trabaja en lo que es más necesario para el negocio desde el día uno y hasta el final del proyecto lo cual maximiza el retorno de la inversión (ROI).


4- Las personas en las metodologías ágiles


Las personas son la piedra angular de cualquier proyecto, y las metodologías ágiles reconocen que la mejor forma de construir un producto o servicio de primera, es a través del talento y la ayuda de personas motivadas.


En general, las metodologías ágiles abogan por equipos con perfiles multifuncionales que de forma autónoma, colaboran para darle solución a los problemas del negocio.

Estimulando la innovación, la creatividad y la motivación en los individuos y evitando cuellos de botella, retraso en la toma de decisiones y otros males de los que sufren la mayoría de las empresas.


Hay muchas razones de peso por las cuales adentrarse en estas nuevas formas de trabajo: resultados, colaboración, adaptabilidad, talento y motivación.

Independientemente de qué decidamos incorporar estas herramientas sus fundamentos, aunque parezcan “sentido común”, tienen un valor que trasciende las fronteras de cualquier industria.


No está de más que lo recordemos con cierta frecuencia. Después de todo y parafraseando al escritor y filósofo francés Voltaire: “el sentido común no es nada común.”





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